En uno de los newsletter a los que estoy suscrito, el autor comentaba sobre cómo había aprovechado un tiempo de cuarentena por COVID para aprender a resolver el cubo de rubik. Yo varias veces había intentado armarlo y nunca había logrado armar más de 2 caras. Me frustraba no poder armarlo, pero pensaba que se trataba de alguna habilidad o inteligencia que yo no tenía, así que dejé de intentarlo. Que alguien dijera taxativamente que todos podían resolver el cubo picó mi curiosidad, y después de seguir los enlaces y algunos días de práctica, también logré armarlo.

Esto me generó una desilución, un aprendizaje y una metáfora.

La desilución venía de algo que consideraba difícil y una muestra de inteligencia, y que terminó resultando más bien una habilidad mecánica.

El aprendizaje viene de que el pensar que el cubo de Rubik era difícil era una “creencia limitante”. Como pensaba que era más dificil de lo que yo podía entregar, no me molesté siquiera en buscar información sobre cómo resolverlo. Y cuando alguien me mostró que era fácil, la “creencia limitante” desapareció y en unos días ya pude aprenderlo.

La metáfora es perfecta. Nunca aprenderemos lo que consideramos que es más difícil de lo que podemos aprender. Una profesía autocumplida. Y lo peor, es sabemos que no hay nada que sea imposible de aprender. Todo está a nuestro alcance, sobre todo hoy en día, con toda la información que está disponible en internet. Sólo hay 2 temas: (1) creer que podemos aprenderlo y (2) motivarse de manera contínua hasta aprenderlo.

Moraleja: ¡Cuidar de poner en pedestal una “inteligencia”, porque la mayor parte del tiempo es una habilidad que puede aprenderse!