Estoy leyendo “Who Own the Learning” de Alan November. La anécdota inicial del libro me encanta. Alan cuenta que tuvo que volver a la escuela, durante el verano, para reprender un alumno que había entrado sin autorización a la sala de computación. Sin embargo, el estudiante no había realizado daños, sino que simplemente había pasado varias horas sentado frente a la pantalla aprendiendo en una profunda concentración. Era una paradoja: ¿tenía que regañar a un alumno por hacer lo que debe realizarse en una escuela, sólo por no respetar las reglas? Este estudiante estaba aprendiendo por cuenta propia, con una alta motivación intrínseca e incluso contra las mismas restricciones que la escuela le imponía. El estudiante mostraba con orgullo el código que había desarrollado, y atribuía su facilidad para aprender porque el computador le entregaba rápidamente retroalimentación sobre cada línea en su código. Creo que a todos nosotros en el mundillo de la informática nos ha pasado un momento similar, el momento en que algo hace click en la cabeza y nos hace gritar eureka, embriagados con el haber aprendido algo por nuestra propia cuenta gracias a la retroalimentación inmediata en la pantalla. Ese estudiante, en unas horas, pudo aprender más por su propia cuenta que en un semestre de clases gracias a su concentración, interés y motivación.

Lo que me ha sorprendido al leer el libro es que los elementos principales de la narrativa son los mismos de un video que había visto hace un tiempo y que me había causado mucho impacto:

Daniel H. Pink — The surprising truth about what motivate us (11 minutos, 2010)

El libro de November, y el video de Daniel Pink, llegan a la misma conclusión: lo que nos motiva como trabajadores y cómo estudiantes el sentido (purpose), la autonomía (autonomy) y la maestría (mastery).

Buscando el Sentido: ¿Cuántas veces no hemos estado en una clase que no tiene ninguna razón, o aprender conceptos, nombres o fechas históricas que sabemos que olvidaremos apenas se realice la prueba? Resulta para todos una pérdida de tiempo; para el docente que observa el desinterés de los estudiantes y de los estudiantes que perciben al docente como una máquina que pasa contenidos sin reflexionar sobre la importancia de éstos. Como en todo trabajo, para lograr una motivación profunda, es necesario que exista un sentido. Alan propone que las tareas y proyectos tengan un alcance global, de manera que no sea algo que las tareas sólo sean entre el alumno y el profesor, y que el contenido de las tareas puedan perdurar en el tiempo y tener un sentido mayor. Por ejemplo, (1) armando videos resumen de los contenidos que estudiantes en otras partes del mundo puedan mirar, (2) creando apuntes por turnos para compartir con los otros compañeros, (3) creando wikis o apuntes de la materia que mejorar año año, o (4) realizando proyectos que beneficien directamente a una comunidad. En el caso de cursos de computación, el tener repositorios de código abierto que los mismos estudiantes puedan actualizar y mirar, incluso si no están tomando formalmente el curso se ha vuelto una práctica común.

Alcanzando la Maestría: las personas buscamos perfeccionarnos para volvernos mejor en lo que hacemos, incluso al costo de accidentes y lesiones. Por ejemplo, practicando instrumentos musicales, trucos de magia, rutas de parkour o complejas piruetas en skate, que no tienen mayor valor práctico que el saber que se ha logrado dominar una habilidad. Sin embargo, para quien ha logrado avanzar en su pericia y habilidad, resulta una increíble (y adictiva) satisfacción. En términos del aprendizaje, resulta importante no pasar el contenido de un curso de manera rígida y no permitiendo a los estudiantes profundizar y alcanzar el nivel de maestría que desean en sus conocimientos. El libro plantea que los niños buscarán alcanzar la maestría de una materia cuando, por ejemplo, deben explicárselo a sus pares en videos o compartiendo sus notas. De alguna manera, se relaciona con los principios de Gamification que se usan para todo tipo de aprendizajes en plataformas y apps, como por ejemplo Duolingo. El deseo de superar “sólo otro nivel” se mantiene independientemente del nivel en el que nos encontremos y hace que siempre busquemos superarnos.

Logrando la Autonomía: es el deseo de dirigir nuestras propias acciones. Tanto como estudiantes como trabajadores, tenemos una idea clara sobre las cosas que deben hacerse, la prioridad que tienen cada una de éstas y el tiempo que será necesario. No existe nada más frustrante que tener una figura externa que dicte paso por paso (y en el orden equivocado) las tareas a realizar, porque ese orden que debiera servir para todos en la práctica no sirve para ninguno. Para que los estudiantes logren autonomía hay que entregarles libertad, lo cual muchas veces resulta atemorizante para los docentes. Sin embargo, los beneficios exceden todo los riesgos. Como profesor, he observado esto de manera directa. Cuando uno entrega una tarea con 10 preguntas a responder, el estudiante sólo explora su capacidad de responder lo que el profesor quiere oír y el estudiante sólo puede como máximo alcanzar el nivel esperado por el profesor. Cuando uno propone que realicen proyectos que les sean de su interés, deben explorar cómo plantear el problema, como resolverlo, de donde obtener información fiable, cómo presentarlo de la mejor manera, y muchas veces, exceden ampliamente el nivel y profundidad que uno como docente se esperaba.

Bonus: Creando este artículo encontré una ted talk de Alan November, donde Alan November cita a Daniel Pink. Así que, efectivamente, ¡había un enlace directo entre ambos!

Alan November — Who Owns the Learning (11 minutos, 2011)