Cocina neoliberal

Sale humo del sartén, donde trato de freir los huevos en las lagunas disparejas de aceite. La olla de arroz, inestable sobre el fuego, se cocina de manera desigual. Tengo que cocinar con ese molesto clic-clac de las cucharas de metal. Pero no hay remedio, es el resultado de salir a cacerolear cada día hasta la cuarentena. La vida a veces, y sobretodo últimamente, nos pone aprueba.

Cana

Todavía escucho el ruido de pasos y metales por las noches. Pagué mi deuda con la sociedad, pero no con Dios. Apenas salí de prisión, estuve obligado a encerrarme a hacer cuarentena por varios meses más.

Gatos

Después de extensos y precisos cálculos matemático, y considerando la cantidad de pelo que encuentro en la cama, las sillas, detrás de muebles y por todos lados, puedo decir que en esta casa viven al menos 17 gatos, y no los 2 que me quieren hacen creer.

La feria

Los sábados me levanto temprano. Entre las 7 y las 8 de la mañana se vive el tras bambalinas de la feria. El casero del champiñón que estuvo precioso dos meses pero nunca dijo porqué. Los caseros que perdieron a una hija de cáncer. La nueva casera del jugo de granada que se separó de Albert - al que llamamos de cariño Einstein. La casera que cada semana me avisa si trae maracuyá. Y el casero con la talla siempre a flor de piel y experto comerciante gritando “Lleve el Kale, tiene más propiedades que’l hijo ‘e la Bachelé”.

El regalo de cumpleaños

Siempre había sido entretenido que todos en la casa - mis papás, mi hermana y yo - estábamos de cumpleaños en abril. La primera festejada fue mi mamá, y entre todos nos esforzamos en comprarle una caja grande de esos chocolates finos. Días después nos pilló la cuarentena, sin posibilidad ni dinero para comprar más regalos. El segundo cumpleañero, mi hermana, recibió la misma caja, pero con menos de la mitad de los chocolates. Sólo espero que en mi turno, el último de todos, me llegue ese bombón de chocolate blanco y maracuyá que tanto anhelo.